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sábado, 4 de agosto de 2012

BATir las alas con fuerza no siempre es suficiente para evitar caer aBATido


Fue en el año 1989 cuándo en la siempre grata compañía de Mi Estimado Progenitor – el paganini de mis vicios en aquellos maravillosos años – tras “infiltrarme” en una reunión del sindicato CSI celebrada en el Astillero Naval Gijón, S.A., fui testigo de la adaptación a la pantalla grande que Tim Burton realizo de las andanzas del personaje nacido cincuenta años antes de la pluma del dibujante y escritor estadounidense Bob Kane.


Aunque recibió excelentes críticas tanto de la crítica especializada como de los fans del “justiciero enmascarado” que vela por la seguridad de los habitantes de Gotham City, para mi “Batman” fue una película que paso ante mis ojos sin pena de gloria, y que, gracias a mi creciente pasión por el Séptimo Arte, solo salvo por brindarme la oportunidad de ver una de las últimas interpretaciones de Jack Palance, el actor de origen ucraniano nacido bajo el nombre Vladímir Ivánovich Palahniuk que - gracias al desfigurado rostro que le dejaron las graves heridas que sufrió a consecuencia del accidente que tuvo el avión de combate que tripulaba durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial – se hizo famoso encarnando a malvados de todo tipo, como por ejemplo Jack Wilson, el espeluznante pistolero al que Alan Ladd, metido en la piel de Shane “el pistolero errante” se enfrenta en el inolvidable duelo que pone fin a “Raices profundas”, esa obra maestra del western dirigida en 1953 por George Stevens y que, un cuarto de siglo después, sirvió de inspiración a Clint Eastwood para realizar una de sus mejores películas, “El Jinete Pálido”.


A raíz del más que aceptable éxito de taquilla obtenido por aquella primera versión cinematográfica de las andanzas del alter – ego del multimillonario Bruce Wayne tres años después se estreno “Batman vuelve” (1992), película que también fue dirigida por Tim Burton, el cual pondría con ella fin a su relación con el personaje. Visto lo visto años después son muchos los que a día de hoy maldicen el día en el que los directivos de los estudios Warner Bros. Pictures aflojaron la cartera para que Joel Schumacher realizase “Batman Forever” (1995) y “Batman & Robin” (1997), película esta última que a parte de provocar un profundo sentimiento de vergüenza ajena dio lugar a que crecieran los rumores que afirmaban que Robin era para Batman algo más que su más fiel aliado en la lucha contra el crimen organizado.


Cuando ya pocos contaban con que la criatura de Kane volviese a protagonizar una película decente la acuciante falta de ideas frescas de la que desde hace años hace gala Hollywood motivo que en 2005, por quinta vez, se volviese a recurrir a los servicios del madurito que al caer la noche, embutido en un sexy traje de cuero, reparte estopa a todos los villanos que osan quebrantar la paz de sus vecinos.

Para sorpresa de propios y extraños, Warner Bros. Pictures, en un alarde de osadía por su parte, en lugar de decantarse por un director experimentado confiaron la resurrección de «El Caballero Oscuro» a Christopher Nolan, un joven realizador inglés que a pesar de haber dirigido hasta la fecha solo tres largometrajes – “Following” (1998), “Memento” (2000) e “Insomnio” (2002) – ya se había labrado un nombre dentro de la industria cinematográfica gracias en buena medida a su segundo trabajo tras las cámaras, el cual es considerado por muchos “una película de culto”.

A partir de un guión escrito en compañía de David S. Goyer – el caballete que, “Blade Trinity” (2004) mediante, puso fin a la trayectoria cinematográfica del caza vampiros encarnado por Wesley Snipes - Christopher Nolan consiguio con “Batman Begins” (2005) satisfacer plenamente a los fans de Batman, y que la crítica especializada – tan propensa a humillar y vilipendiar a las películas basadas en comics - cayese rendida a sus pies.


Dado el extraordinario éxito de taquilla cosechado por “Batman Begins”, tres años después Christopher Nolan regreso a las calles de Gotham City para filmar “El Caballero Oscuro”, una autentica obra maestra del Séptimo Arte con la que el mencionado realizador – según palabras de Peter Travers (Revista Rolling Stone) – consiguió algo extraordinario, acercar el entretenimiento pop al arte imperecedero.


Si con “El Caballero Oscuro” – la octava película más taquillera de la historia (1.001,9 millones de dólares) – Christopher Nolan demostró que no siempre es cierta la máxima “Segunda partes nunca fueron buenas”, en honor a la verdad y para decepción de muchos, es justo reconocer que con “El Caballero Oscuro: La leyenda renace” confirmo que “Todo lo que sube baja”.

Y es que aunque merece mucho la pena pasar por taquilla para ver la tercera y última película de la fastuosa trilogía realizada por Nolan lo cierto es que, quizás debido a las altas expectativas creadas, no es ni mucho menos el glorioso final que muchos esperábamos.

Hace ocho años que Batman desapareció en la oscuridad, dejando de ser un héroe para convertirse en fugitivo. Al asumir la culpa por la muerte del fiscal del distrito Harvey Dent, el Caballero Oscuro decidió sacrificarlo todo por lo que consideraba, al igual que el Comisario Gordon, un bien mayor. La mentira funciona durante un tiempo, ya que la actividad criminal de la ciudad de Gotham se ve aplacada gracias a la dura Ley Dent. Pero todo cambia con la llegada de una astuta gata ladrona, que pretende llevar a cabo un misterioso plan. Sin embargo, mucho más peligrosa es la aparición en escena de Bane, un terrorista enmascarado cuyos despiadados planes para la ciudad obligan a Bruce a regresar de su voluntario exilio. (FILMAFFINITY)

Tomando como premisa esta historia, Christopher Nolan, a lo largo de 164 minutos, consigue que el espectador se sienta como si fuera un pasajero de la montaña rusa. Lamentablemente para el viajero el ruido y la furia de las espectaculares escenas de acción que jalonan la película no logran que nuestro querido hombre murciélago llegue a superar la altura que alcanzo la última vez que lo vimos en la pantalla grande.
Si bien eran muchas sus virtudes, sin lugar a dudas, lo que contribuyo en buena medida a que  “El Caballero Oscuro” fuera una de las mejores películas que se han hecho sobre superhéroes fue la entrada en escena de Joker (Heath Ledger) un despiadado criminal que como diría Alfred, el leal y sabio mayordomo de Bruce Wayne, es uno de esos hombres que sólo quieren ver que el mundo arda.


Aunque las comparaciones son odiosas lo cierto es que Bane, el villano de la tercera entrega de la trilogía, no esta a la altura del personaje que en 2008 le valió una nominación al Oscar como Mejor Actor secundario al que fuera un “cowboy soplanucas” en “Brokeback Mountain” (2005).


Tom Hardy – ese saco de músculos que en 2010 ya puso sus dotes interpretativas al servicio de Nolan en “Origen”, y que actualmente, bajo las ordenes de George Miller, esta en el desierto de Namibia rodando “Mad Max 4: Fury Road” – es el encargado de dar vida a ese mercenario expulsado de la “Liga de las sombras” que tras recorrer buena parte del mundo dando golpes de Estado llega a Gotham City con la intención de destruirla y posteriormente, sobre sus cenizas, hacerla renacer libre de la lacra que para él es la corrupción que corroe a todos y cada uno de los estamentos de la misma.


Dados los tiempos que corren si no fuera porque Bane cumpliría sin reparos la amenaza “la próxima visita será con dinamita” más de uno aceptaría que este “revolucionario radical” que se presenta ante los ciudadanos de Gotham City como el instrumento de su liberación fuera el encargado de liderar a los indignados que, a lo largo y ancho del mundo, muestran su repulsa ante los gobernantes que han acabado siendo simples marionetas en manos de Los Mercados.

Si la insulsa Katie Holmes y Maggie Gyllenhaal fueron las que dieron el toque femenino a “Batman Begins”“El Caballero Oscuro” respectivamente, en la tercera entrega de la trilogía Anne Hathaway es la actriz encargada de tal misión, misión que pasa por dar vida a Selina Kyle, una escurridiza y dura ladrona que, seguramente, dado el traje de cuero en el que se embute al alzarse la luna en el cielo sobre Gotham, recibiría las criticas mas afiladas de “El Diablo viste de Prada” que, desde las páginas de la revista Vogue USA, dicta las normas a seguir dentro del vertiginoso mundo de la moda.


A pesar de su inclinación a apoderarse de las posesiones ajenas Selina Kyle trata de maquillar su actividad delictiva escudándose en el hecho de que las victimas de sus “travesuras” son los poderosos que, sirviéndose de la crisis económica que sacude el mundo, han amasado su fortuna aprovechándose del mal ajeno.

“Pronto se preguntarán cómo habrán podido vivir con tanto, y haber dejado tan poco para los demás”, al oír esta frase que, desde los labios de Selina Kyle llega a los oídos de Bruce Wayne, es inevitable acordarse del gallego de Brey que, desde hace meses, cada vez que sale de su cueva – a la señal “los españoles han vivido por encima de sus posibilidades” – nos obliga a perforar otro agujero en nuestro cinturón.


Dado que como diría Patti Smith la noche pertenece a los amantes, a medida que avanza la película, la relación entre esas dos criaturas de la noche que son “Batman” y “Catwoman” se hace cada vez más fuerte dando así lugar a una subtrama romántica que, ante la seria amenaza que representan Bane y sus secuaces, es cuanto menos una falta de respeto a los habitantes de Gotham, y es que poco le falta a “El caballero oscuro” para coger a su gatita y decirle: “Gotham esta a punto de ser borrada de la faz de la tierra por el fuego de El Infierno salido del núcleo de una bomba nuclear, y nosotros nos enamoramos”.

A parte de las novedades citadas anteriormente, en la tercera parte de la trilogía nos encontramos con varios de los personajes que contribuyeron a que las dos entregas anteriores sean películas imprescindibles para los amantes del cine de acción con alma.

Por tercera vez consecutiva Christian Bale demuestra que el traje de Batman le queda como un guante.


"Si te conviertes en algo más que solo un hombre, si te dedicas a un ideal y no pueden detenerte, entonces te conviertes en algo totalmente diferente, una leyenda." esta máxima que Bruce Wayne oyó de labios de Ra’s al Ghul (Liam Neeson), el líder de “La Liga de las Sombras” que le enseño las artes marciales gracias a las cuales se convirtió en un arma letal, sin duda alguna fue la culpable de que, a lo largo de los años que velo por la seguridad de los habitantes de Gotham City, fuera capaz de soportar el dolor de los golpes recibidos por su cuerpo durante su lucha contra el crimen organizado, y el sufrimiento que atenaza su espíritu a consecuencia de las enormes perdidas personales que le acarreo su cruzada en defensa de los más débiles.


Dado que a raíz de la muerte de Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal) – el amor de su vida – Bruce Wayne cae prisionero de "La inevitable ira que estrangula la pena hasta que el recuerdo de un ser amado es veneno en las venas.", las ganas de vivir que hasta la fecha le impulsaron a luchar por su supervivencia y la de su alter – ego desaparecen de su arsenal, circunstancia esta que le convierte en un ser vulnerable a merced del poderoso Bane.

Sin lugar a dudas una de las partes más interesantes de la película es aquella en la que, encerrado en la dura prisión en la que Bane fue cincelado por la oscuridad, y tras cuyos muros no hay lugar para la esperanza, Bruce Wayne comprende que – aunque el héroe enmascarado cuente con artilugios tecnológicos de todo tipo y un gran entrenamiento físico – los habitantes de Gotham no tendrán salvación si el hombre dentro del traje de murciélago no es capaz de renacer de sus cenizas y recuperar el miedo a morir.

“Cualquiera puede ser un Héroe. Incluso alguien que hace algo tan sencillo como ponerle un abrigo a un niño para decirle que no tenga miedo y que todo saldrá bien”, dado lo expuesto en esta máxima, a pesar de que vista una gabardina y tenga problemas de visión, bien podría ser también calificado como héroe el teniente James Gordon.

Gary Oldman – el que fuera uno de los miembros de “El clan de los irlandeses” que imponían su ley en Hell’s Kitchen – por tercera vez consecutiva se mete en la piel de ese integro policía que, tras convertirse en un héroe de guerra a raíz de los acontecimientos narrados en  “El Caballero Oscuro”, sigue velando por la seguridad de sus conciudadanos mientras libra una encarnizada lucha contra los remordimientos que le acompañan desde el día en el que – en post de un bien mayor – decidió ocultar la verdad sobre la muerte de Harvey Dent (Aaron Eckhart), el Fiscal del Distrito que ha dado nombre a La Ley Dent Contra El Crimen, una normativa que ha permitido reducido considerablemente el número de sucesos violentos gracias en cierta medida a una serie de ataques a las libertades civiles, ataques estos que bien podrían emparentarla con la problemática Ley Patriotica que, siguiendo la máxima “El fin justifica los medios”, aprobó la Administración Bush a raíz de los ataques terroristas contra Las Torres Gemelas.


Si Batman cuenta con la ayuda de James Gordon a la hora de imponer la ley y el orden en las calles de Gotham, cuando Bruce Wayne cruza las puertas de su espectacular mansión tiene la enorme suerte de tener a su entera disposición a Alfred Pennyworth, personaje al que da vida Michael Caine, el veterano actor que consiguió que fuera inolvidable nuestra estancia en “El último valle”, y que años después fue el leal compañero de armas de “El hombre que pudo reinar”.


El entrañable mayordomo que durante años ha sido su mejor amigo y su confesor, ante el temor que le infunde Bane – un tipo ante cuya potencia de pegada poco puede hacer un Batman en horas bajas – nos entrega el momento más conmovedor de la película en esa escena en la que ruega encarecidamente al que es para él como un hijo que, en lugar de volver a las calles de Gotham donde le espera una muerte segura, viva su vida y no le obligue a asistir a su funeral en el cementerio en el que, años atrás con gran tristeza, enterró a sus padres.

Aunque el final de la trilogía haya sido un tanto decepcionante para mí, es justo reconocer que las películas de Nolan gracias a las cuales “El Caballero Oscuro” – cual Ave Fénix – renació de sus cenizas, a parte de merecer ocupar un lugar entre las obras maestras del Séptimo Arte, nos enseñaron que aunque sean muchos los Ra’s al Ghul, los Joker y los Bane a los que tengamos que enfrentarnos en ese campo de BATalla que es La Vida nunca caeremos aBATidos por sus golpes si conseguimos que el héroe que mora en el interior de cada hombre utilice el deseo de vivir y el coraje necesario para afrontar el miedo y superar las adversidades como los murciélagos utilizan sus alas para salir de los profundos y oscuros pozos en los que moran.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Sólo le pido a Dios que bendiga a tod@s aquell@s que ante la injusticia no se muestran indiferentes


Sólo le pido a Dios / que la injusticia y el dolor ajeno no me sean indiferentes / son un paquidermo grande y pisan fuerte / toda la pobre inocencia de la gente – esta versión libre de “Sólo le pido a Dios”  – la canción que hizo mundialmente famoso al cantautor León Gieco, y que, según la revista Rolling Stone y la cadena MTV, es la sexta mejor de la historia del rock argentino – bien podría ser cantada por el Padre Gerónimo (Jérémie Renier) y el Padre Julián (Ricardo Darín), los protagonistas de “Elefante blanco”, película cuyo visionado, este cordero de Dios, desde este pulpito que es su blog personal, recomienda a sus fieles.



En un momento de su vida en el que a consecuencia de un trágico suceso atraviesa una profunda crisis de Fe y, como si fuera Jesús de Nazareth camino del Monte Gólgota, carga sobre sus hombros con una pesada cruz personal el Padre Gerónimo recibe la ayuda del Padre Julián, un veterano sacerdote que - a parte de ser la vara y el cayado que durante su travesía por el valle de las sombras le infundirán aliento – consigue que su amigo y discípulo se aferre a “la inspiración divina” que en su día le llevo a poner su vida al servicio de los más pobres, y colabore con él en un proyecto cuyo objetivo es mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Villa Virgen, un poblado marginal de los alrededores de Buenos Aires.


Bajo la atenta mirada de “El Elefante Blanco” – un colosal edificio construido en los años treinta para albergar el hospital más grande de Latinoamérica y que tras diversas vicisitudes ha acabado siendo el hogar de miles de bonaerenses en situación precaria – el Padre Julián, consciente que esta muy próxima su última cena, al igual que en su día Jesús hizo con los doce apóstoles, tratará de conseguir que el Padre Gerónimo continúe con la obra que hace años él comenzó.


Durante el proceso mediante el cual el Padre Julián transmite sus personales evangelios al Padre Gerónimo surgirán una serie de fricciones entre ellos, fricciones que dan fe de que dentro la institución eclesiástica hay diversas sensibilidades. Y es que mientras que el Padre Gerónimo, con objeto de conseguir un bien mayor, no duda en cruzar ciertos límites e incluso negociar con “los mercaderes de la muerte” que abastecen a los jóvenes que, chutes mediante, intentan evadirse durante unos minutos de la siniestra prisión sin barrotes en la que malviven, el personaje interpretado por el siempre soberbio Ricardo Darin emprende una cruzada que le lleva a enfrentarse a sus superiores jerárquicos, los cuales según él – además de rogar a Dios – deben utilizar su influencia y golpear con el mazo las conciencias de los políticos locales hasta conseguir que estos pongan los medios necesarios para que los habitantes de Villa Virgen vivan dignamente.


Como contrapunto a estos dos servidores de la Iglesia entra en escena Luciana (Martina Gusmán), una abogada atea cuya presencia en la trama – además de introducir otra visión sobre el tratamiento de los problemas sociales – provocará que el Padre Gerónimo se vea ante una difícil encrucijada: entregarse en cuerpo y alma a la misión que lo llevo a recorrer los inescrutables caminos del Señor o seguir los dictados de su corazón que le invitan a pecar y a hacer realidad uno de sus mayores deseos, formar una familia.


Según palabras de Pablo Trapero - director de la película – la historia narrada en la misma – basada en un guión escrito por él con la colaboración de Martín Mauregui, Alejandro Fadel y Santiago Mitre – pretendía abrir una ventana para mostrar una realidad para mucha gente desconocida.

Visto lo visto, la extraordinaria acogida que “Elefante Blanco” tuvo por parte del respetable público que, durante el último Festival de Cannes, la vio en la Sección oficial a concurso "Un Certain Regard" (Otra mirada), estuvo más que justificada dado que - además de lograr su objetivo gracias al crudo realismo con el que se muestran las duras condiciones de vida de los desfavorecidos corderos de Dios que moran en una de las miles de sucursales que El Infierno tiene en La Tierra – consigue que en estos tiempos en los que reina el pesimismo y en mayor o menor medida todos nosotros ante el apocalipsis que se avecina gritamos “¡Sálvese quién pueda!” germine la esperanza en nuestra corazón al comprobar que aún hay much@s personas – tanto católicas como ateas – que al ver el sufrimiento de las ovejas descarriadas del rebaño, en lugar de mirar para otro lado, caminan a su lado e intentan ayudarles.

Sin lugar a dudas esta película, aunque no sea uno de sus objetivos, consigue también limpiar un poco la imagen de la Iglesia Católica, esa gran casa en la que moran hombres justos al servicio de Dios que, a pesar de contribuir con sus obras a hacer de este mundo un lugar mejor, a consecuencia de una injusta generalización, pagan por los pecados cometidos por aquellos hermanos de Fe que, en lugar de hacer un ejercicio de constricción y meditar sus palabras mientras rezan tres Padres Nuestros, sin encomendarse ni a Dios ni a El Diablo, lanzan desde los altares de las Iglesias incendiarias homilías plagadas de barrabasadas, barrabasadas estas que – dado el odio que destilan hacía sectores de la sociedad que no siguen el camino de la virtud – convierten en papel mojado La Epístola que el Apóstol San Pablo envió a los Romanos con el objetivo de conseguir que dejasen de lado sus diferencias y se amasen los unos a los otros con amor fraternal.

Buen ejemplo de hombre justo es el Padre Carlos Múgica / (1930 – 1974), el soldado de Dios al que esta dedicada la película.


El fundador de la parroquia Cristo Obrero, a consecuencia de la "opción por los pobres" que le llevo a estar siempre al lado de los más necesitados, recibió críticas de todos los sectores. Por desgracia para él y para todos aquellos que tuvieron en él el mayor apoyo, el 11 de Mayo de 1974, nada más celebrar una misa en la iglesia de San Francisco Solano (Villa Luro), subió a El Reino de Los Cielos por cortesía de las balas vomitadas por la ametralladora Ingram MAC -10 empuñada por un miembro de la Alianza Anticomunista Argentina (La Triple A).

Desde ese día son muchos los que, agradecidos por sus obras, honran su memoria acudiendo en procesión hasta la capilla Cristo Obrero de la Villa 31 de Retiro, el lugar donde reposan sus restos.


“Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no. Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre. Señor, quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos. Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz.” si esta oración creada por él da muestras de su implicación, las palabras que siguen a continuación confirman que además de predicar se dedico a dar trigo:

Vivió apasionadamente alimentado de la cotidianidad de la sencillez de un pueblo, caminando las villas, optando por ese Jesús que se encarna en lo pequeño, en lo humilde y, no en lo pomposo y superficial. Su manera de ser cristiano nos habla de Jesús, de su pedagogía profunda pero inmensamente clara, al alcance de todos pero especialmente de aquellos a quienes siempre se les negó su lugar, a los nadies, a los ninguneados.

Al igual que Jesús él intentó el Reino, aquí en la tierra, en cada barrio, en cada villa, en cada capilla, en cada rincón del pueblo donde sus pies caminaron, florecía la semilla del Reino de Dios, denunciando toda pobreza, hambre, injusticia y violencia que no son cosas de Dios, sino cosa de unos pocos que juegan a ser dioses creyéndose dueños de lo que es de todos/as.


En resumen una película conmovedora y muy recomendable, “Palabra de Dios”, o mejor dicho “Palabra de José Luis”.

sábado, 28 de julio de 2012

Sheila y José Luis tras las huellas de El CID Campeador


Fue el pasado 7 de Enero cuando – a raíz de la llamada del Departamento de Recursos Humanos de FAGOR EDERLAN TAFALLA, S.COOP. – me vi haciendo la maleta con sentimientos encontrados, y es que si por una parte me alegre ante la posibilidad de rescindir mi contrato con el Instituto Nacional de Empleo por otra me embargo un profundo sentimiento de tristeza derivado del hecho de que el puñado de euros con el que serían recompensados mis servicios como Técnico de Prevención de Riesgos Laborales implicaría poner tierra de por medio entre mi persona y Sheila, la mujer frente a la cual - llegada la hora de emular a Víctor García y cantar “El más triste adiós” antes de dirigirme al campo de batalla que me esperaba en El Reino de Navarra – tendría que recurrir a la rectitud y fortaleza de los guerreros de la polis donde no había lugar para la ternura ni la debilidad para evitar que la parte de mi ser que no quería ser su amigo que quería ser algo más sucumbiese ante el dolor que suponía saber que nunca sería el hombre digno de decirle “Adiós amada mía”.



Tres días después, tras regresar de la patria de los MAREA con “Plomo en los bolsillos” y el pertinente “no das el perfil que estamos buscando”, vacié la mencionada maleta sin imaginar por un segundo que seis meses después en el interior de la misma, además de para los polos con los que demuestro que en mi armario hay algo más que horrendas camisetas heavy, habría lugar para la inmensa felicidad que me proporciona “La Amazona que cruzo el Ruhr a galope tendido”, esa hermosa y noble dama que en Febrero se enrolo en mis unidades de choque y que entre el 11 y 16 de Julio pateo junto a mi las calles de la capital de la provincia castellano - leonesa que en 1528 vio nacer a Juan de Garay, el explorador y conquistador que durante el reinado de Felipe II, concretamente el 11 de Junio de 1580, fundo la ciudad de Buenos Aires.


Aunque en un principio – como buen amante de todo lo concerniente a La Reconquista – lo que más me atraía de Burgos eran los lugares que habían sido horadados por los cascos de Babieca - el majestuoso caballo sobre cuyos lomos Rodrigo Díaz de Vivar, afligido por la pena que supuso para el ser desterrado por Alfonso VI, atravesó la mencionada ciudad bajo la atenta mirada de los afligidos y llorosos burgaleses de cuyas bocas salía el mismo lamento: “¡Oh Dios, qué buen vasallo si tuviese buen Señor!" – lo que al fin y a la postre provoco que el viaje fuera de lo más fascinante y enriquecedor poco tuvo que ver con El CID Campeador y todos aquellos hombres de armas que hace siglos se metieron en las brillantes armaduras que hoy en día hacen guardia ante las tiendas de souvenirs mientras tratan de asumir que su triste final es ser fotografiadas por las doncellas guerreras que combaten junto a aquellos a los que les habría gustado ser uno de los 70.000 señores del acero que el 16 de Julio de hace 800 años, a las ordenes de Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón, durante el transcurso de la legendaria Batalla de Las Navas de Tolosa derrotaron a los 120.000 soldados que procedentes de todos los rincones del Islam respondieron a la llamada a La Guerra Santa lanzada por el Califa almohade Muhammad An-Nasir.


Sin lugar a dudas una de las sorpresas más gratas que Burgos brindo a un servidor y a la dama que protagoniza junto a mí mi particular novela de caballería fue el Museo del Libro Fadrique De Basilea el cual debe su nombre al impresor nacido en las frías tierras germanas que en el siglo XV, durante más de treinta años, regento en la mencionada ciudad castellana un taller de impresión del que salieron 91 libros, libros entre los cuales están algunos de los incunables más afamados, como por ejemplo la primera edición de ‘La Celestina’ (1499).


Y es que en el interior del sobrio edificio ubicado en el Nº 3 de la Travesía del Mercado – gracias a una iniciativa de la editorial Siloé, arte y bibliofilia – se muestra una fascinante exposición didáctica que es de visita obligada para todos aquellos que saben apreciar como se merece uno de los mayores placeres de la vida, la lectura de un libro, ese instrumento avalado por siglos de historia del que el gran José Luis Borges dijo: De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: es una extensión de la memoria y de la imaginación.


En la 4ª planta del edificio, lugar donde comienza nuestro viaje, se muestra la evolución de la escritura desde las primeras manifestaciones rupestres hasta el codex romano. Entre las joyas que encontramos a nuestro paso se haya una reproducción de La Piedra de Rosetta, el fragmento de una antigua estela egipcia de granodiorita que fue hallado en 1799 por el soldado Pierre-François Bouchard durante la campaña francesa en Egipto, y que veintitrés años después permitió a Jean-François Champollion descifrar los textos jeroglíficos egipcios, hazaña esta gracias a la cual paso a la historia como “el padre de la egiptología”.


Tras bajar las escaleras que nos llevan hasta el penúltimo piso entramos de lleno en la Edad Media, una época oscura donde las haya, de la que desconocemos muchos datos debido en buena medida a la devastación causada por Los Perros de La Guerra en los territorios de La Vieja Europa.

Afortunadamente para los amantes de la historia el daño fue menor gracias a la labor de los scriptores, los escribas monásticos que encerrados en las habitaciones de los monasterios de la Europa medieval, con objeto de evitar que la destrucción nos privase de disfrutar de textos en los que se daban cita el arte, el misterio y la religiosidad, realizaban copias manuscritas de biblias, libros de nobleza, sociedad y caballería e incluso de textos sobre medicina como el que en su día, siglo X, redacto el cordobés Abul Qasim al Zahrawi, el primer cirujano de la historia.


Si bien fue muy loable el trabajo llevado a cabo por los hombres de Dios mencionados anteriormente, sin duda alguna, yo que siguiendo la máxima “el saber no ocupa lugar” pongo remedio a mi ignorancia leyendo las decenas libros que integran mi particular Biblioteca de Alejandría y que amenazan con reventar las baldas de la estantería en la que están apilados – al igual que millones de personas – estoy en deuda con Johannes Gütemberg, el alemán de Maguncia que hacia 1450 invento la imprenta de tipos móviles gracias a la cual – además de cambiar radicalmente la forma de elaborar los libros - el poder de la cultura dejo de estar en manos de la Iglesia.

Las 26 letras del abecedario hechas en moldes de plomo que formaban parte del invento que fue definido por su creador como “Un ejército de veintiséis soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo” tuvieron su bautismo de fuego en 1454, año en el que vio la luz “La Biblia de 42 líneas”, la primera versión impresa de La Vulgata (traducción de la Biblia al latín).

Como no podía ser menos, en la parte del museo dedicada a “El universo Gütemberg”, el visitante podrá encontrar una copia del mencionado libro, el cual, al fin y a la postre, supuso el comienzo de «Edad de la Imprenta». Junto a dicho ejemplar, entre otros, podremos ver una exquisita reproducción de “Beowulf” – el famoso poema épico anglosajón – y una versión en inglés de “Crónicas de El Cid”.


Con el agradable sabor de boca que nos dejo el Museo del Libro en cuya primera planta pudimos ver los utensilios gracias a los cuales, por cortesía de la compañía creada por el fallecido Steve Jobs, el “Homo modernis” ha cambiado su forma de leer, el Viernes emprendimos un apasionante viaje en el tiempo hasta los días en los que los tigres dientes de sable formaban parte de la fauna de La Piel de Toro.

Fue a finales del siglo XIX cuando – con intención de no perder el tren de la Revolución industrial – el gobierno de España encargo a “The Sierra Company Ltd.” la construcción de un ferrocarril minero que permitiese abastecer de carbón a las zonas industriales del Norte de España.

El hecho de que a la hora de unir las localidades burgalesas de Monterrubio de la Demanda y Villafría, la mencionada compañía inglesa cambiase el trazado original por uno mucho más complicado provoco que fuera necesario atravesar la ladera Este de la Sierra de Atapuerca. A raíz de la gran Trinchera de 480 m. de largo por unos 18 m. de altura que se abrió quedaron a la vista un gran número de cuevas, cuevas estas en las que se han encontrado casi el 83 % de los restos prehistóricos que nos han permitido saber algo más sobre nuestros antepasados.


Mientras veíamos como “los CSI de la prehistoria” removían tierra en busca de minúsculos fragmentos de hueso fuimos receptores de una amena e interesante lección sobre la evolución de la raza humana, una evolución de la que sabemos mucho gracias a los restos humanos encontrados por el equipo dirigido por el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga en el Yacimiento 
de la Sierra de Atapuerca. Y es que, en el complejo arqueológico que en 1997 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, y en el año 2000 fue declarado Patrimonio de la Humanidad, hasta la fecha, se han encontrado, al menos, restos de cuatro especies distintas de homínidos: Homo SP (especie no determinada) de la Sima del Elefante, Homo antecessor, Homo heidelbergensis y Homo sapiens.


Si gracias a explicaciones que recibimos durante nuestra visita al Yacimiento de la Sierra de Atapuerca descubrimos como fue el proceso evolutivo de la raza humana, lo que aprendimos en el Parque Arqueológico nos despertó un profundo sentimiento de admiración hacía los “hombres primitivos”, y es que, en estos tiempos modernos en los que el progreso ha provocado que todos nosotros, en mayor o menor medida, tengamos la piel muy fina ante las adversidades, merecen ser recordadas como se merecen todas y cada una de las especies de homínidos que sin ningún tipo de tecnología ni conocimientos académicos consiguieron salir adelante en aquellos tiempos en los que con cada nuevo amanecer comenzaba una lucha feroz por la supervivencia.

Hoy en día en los que los avances tecnológicos han conseguido que con solo apretar un botón sean aniquiladas cientos de miles de personas por cortesía del fuego del infierno que encierran en sus siniestras panzas los misiles nucleares, no deja de ser sorprendente que hace dos millones de años los seres humanos tuvieran como mejor arma de defensa rudimentarias hachas cuya hoja era una lasca, esto es, una piedra a la que habían conseguido extraer dos filos tras golpearla incansablemente con otra piedra.

El hecho de que, a pesar de las extremas condiciones de vida propias de aquellos tiempos, entre los restos hallados en el Yacimiento de la Sierra de Atapuerca estén partes del esqueleto de una adulto de más de sesenta años de edad ha hecho que los investigadores afirmen sin ningún genero de dudas que las tribus primitivas seguían la máxima: es mejor vivir juntos que morir solos.

Ante tal circunstancia es lógico que se hayan encontrado restos de enterramientos, restos estos que confirman que la preocupación por el bienestar de los más débiles que mostraban los mas fuertes fue la causante de que estos últimos, cuando fallecía algún miembro del grupo, hicieran todo lo posible para impedir que su cadáver fuera alimento para las fieras.


Dado que en aquellos tiempos prehistóricos el General Invierno era uno de los peores enemigos de las tribus nómadas estas tuvieron que poner todo su empeño en evitar que las bajas temperaturas acabasen con la vida de sus hijos. Puesto que “el frío agudiza el ingenio” no tardaron en aparecer las primeras viviendas unifamiliares, viviendas en las que - gracias a la protección dada por las pieles curtidas que cubrían su estructura, y las hogueras que ahuyentaban a los animales salvajes – los hombres primitivos podían descansar sin miedo a morir de frío o entre las fauces de un lobo hambriento.


El progresivo aumento de las relaciones sociales entre las diversas tribus dio lugar a la aparición de las primeras formas de comunicación: las pinturas rupestres. Dichas pinturas, a medida que evoluciono el hombre, pasaron de ser simples trazos informes a exquisitas representaciones de animales.

Como no podía ser menos, entre las pinturas rupestres que pudimos ver durante nuestro apasionante viaje en el tiempo estaba la que representa a un grupo de hombres intentando dar caza a un búfalo.


Dada la peligrosidad que suponía enfrentarse a descomunales y fieros animales salvajes, los hombres primitivos emprendieron su particular carrera armamentística, una carrera que, gracias a las experiencias extraídas durante sus cacerías, fue perfeccionándose hasta conseguir armas tan letales y seguras como el arco.


Por último, como punto final de la lección sobre técnicas de supervivencia de la que fuimos destinatarios y que no tuvo nada que envidiar a las impartidas por el aventurero británico Bear Grylls “El último superviviente”, tuvimos oportunidad de ver el proceso gracias al cual nuestros más lejanos antepasados dominaron el fuego y consiguieron hacer muchas más acogedoras sus viviendas, esas que en tiempos remotos tenían la forma de frías y húmedas cavernas y que con el transcurrir del tiempo y la consiguiente evolución intelectual de sus moradores sufrieron una sustancial modificación de su estructura.


El viaje que a primeras horas de la mañana nos llevo hasta el Yacimiento de la Sierra de Atapuerca tuvo su punto y final en el espectacular edificio de nueva planta obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg que acoge en su interior al Museo de la Evolución Humana, el cual, según palabras de sus responsables, tiene como objetivo traducir el conocimiento científico sobre la evolución humana en un discurso riguroso pero asequible, en una experiencia única, emocionante e impactante, pero también reflexiva acerca del futuro del hombre y de su entorno.



Si bien el Museo cumple con creces el fin con el que nació el 13 de julio de 2010 lo cierto es que, aquel que haya estado previamente en el Yacimiento de Atapuerca y el Parque Arqueologico, no podrá evitar tener la sensación de que el nivel ha caído un poco.

No obstante, a pesar de lo anteriormente mencionado, merece la pena recorrer con calma las cuatro plantas del edificio, sobre todo aquella en la que tiene cabida “La evolución en términos biológicos”, exposición esta en la que tienen especial protagonismo Charles Robert Darwin (1809 – 1882) y Santiago Ramón y Cajal (1852 - 1934).

Si dentro de la replica de uno de los camarotes del HMS Beagle nos sentimos como por un momento como el naturalista inglés que, tras sus cuatro paredes y a la luz de un candil, desarrollo la teoría que demostró que todos los seres vivos evolucionan por selección natural, gracias a una reproducción a gran escala de un cerebro humano nos vestimos la bata que en su día llevo el neurólogo navarro que, por cortesía de sus estudios sobre el sistema nervioso y las conexiones celulares y neuronales, fue galardonado en 1906 con el Premio Nobel de Medicina.


Llegados a este punto del camino es de justicia dar parte en este blog de mi más sincero agradecimiento a mi compañera de viaje por el bello gesto que tuvo conmigo, un gesto este con el que echo leña al fuego que a medida que pasan los días va “Devorando el corazón” del que cada amanecer rojo bendice la Hora Zulu en la que “Das Krieger Mädchen” entro en mi vida y, como si fuera un rayo de sol, aniquilo a mi oscuridad.



Y es que la noble y lozana dama que se gano las más altas condecoraciones el día del pasado mes de Mayo en el que destino parte de su fortuna a sufragar la cruzada cuyo objetivo era que un servidor entrase en TIERRA SANTA para corear la canción dedicada al “Legendario” guerrero nacido en Vivar que conquisto para su rey la tierra que estaba en manos del invasor que llevaba Media Luna en su estandarte, consiguió superarse a si misma gracias al tiempo que dedico a bucear en las procelosas aguas de la red en busca de uno de esos antros de perdición en los que por cortesía mía acaba enterándose de todo lo que nunca quiso saber sobre el heavy – metal.

Gracias a su labor de investigación, llegada la noche del Viernes, hicimos parada y fonda en “Contra Punto Heavy Pub”, en el mencionado local, situado a unos pocos metros de esa inmensa casa de Dios que es la Catedral de Burgos, desde hace cuatro años aquellos a los que les hierve la sangre cada vez que IRON MAIDEN toca “El Número de La Bestia”, mientras son atendidos por unos simpáticos camareros que gracias a sus tatuajes y a sus pintas bien se merecen ser definidos como auténticos “Heavy Metal Warrior”, disfrutan de agradables veladas durante las cuales escuchan “dulces” melodías heavy – metaleras a volumen brutal bajo la atenta mirada de los posters que forran las paredes y el techo del local.


Sin lugar a dudas, si visitara la ciudad alguno de esos grupos de epic – metal cuyas canciones versan sobre bravos caballeros que por el amor de una lozana dama están dispuestos incluso a arriesgar su vida frente a un fiero dragón, el lugar más idóneo para que hicieran parada y fonda sería el Castillo de Burgos.


Dicha fortaleza – que fue levantada por el conde Diego Rodríguez Porcelos en los tiempos de la Reconquista, año 884, y que el 13 de junio de 1813, durante las guerras napoleónicas, sucumbió durante los duros combates entablados entre las tropas francesas y las tropas angloportuguesas al mando de Wellington – dada su privilegiada ubicación - 75 m sobre el nivel de la ciudad – nos brindo la oportunidad de ver Burgos en toda su totalidad y marcharnos con una espectacular foto que amablemente nos saco "El américano tranquilo", un joven tejano que - al igual que cientos de extranjeros - llego hasta allí siguiendo la senda marcada por El Camino de Santiago.


Dado que no visitar la Catedral de Santa María de Burgos habría sido un pecado tan grande como ser heavy y no ir al menos una vez en la vida al festival Wacken Open Air, el Día del Señor fue el elegido para cruzar las puertas del espectacular templo católico dedicado a la Virgen María.


Mientras recorremos la superficie de la catedral fundada por Fernando III el Santo (Obispo Mauricio) y declarada en 1984 Patrimonio de la Humanidad, es inevitable poner en duda la catadura moral de los sectores de la Iglesia Católica que promulgan el voto de pobreza y la ayuda económica del Estado mientras a lo largo y ancho de La Piel de Toro tienen edificios cuyo valor en el mercado bien podría paliar el hambre de cientos de miles de corderos de Dios que carecen de lo más básico.

Dejando a un lado lo anteriormente mencionado – no sin artes pedir a Dios que vele por los misioneros católicos que en los rincones más inhóspitos ayudan a los más necesitados mientras son criticados por los progres de salón – el visitante – ya sea católico, agnóstico o seguidor de Los Hijos del Séptimo Día – estupefacto y anonadado se quedara ante la inconmensurable belleza que se encuentra a su paso, belleza que esta presente en las vidrieras, las tallas, los retablos, las columnas…

Huelga decir también que como admirador de los ingenieros de antaño que consiguierón levantar impresionantes estructuras en aquellos lejanos tiempos en los que no había ni AutoCAD ni grúas capaces de elevar a cientos de metros de altura piezas de miles de kilos fue inevitable para mí acordarme de los miles de hombres que entre los años 1221 y 1260 trabajaron de sol a sol para construir la casa de Dios, casa esta que seguramente fue el último hogar para muchos de ellos teniendo en cuenta que en aquellos días ni Dios tenía en cuenta las medidas de seguridad a seguir para evitar accidentes laborales.


Dado que no fue posible para mi disfrutar de una visita guiada por las herrerías donde fueron forjadas las espadas Tizona y Colada con las que Rodrigo Díaz de Vivar, en los tiempos de la Reconquista – en calidad de mercenario a sueldo de los dos bandos en conflicto – derramo sangre tanto cristiana como musulmana, el broche de oro a mi periplo por Burgos junto a “La Filóloga Hispánica que surgió del frío de Bochum”, fue visitar el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, un hermoso edificio en cuyo interior los amantes de todo lo concerniente a la lengua de Cervantes podrán ver 'Los Orígenes del Español', una exposición cuyo núcleo central gira en torno a los documentos escritos relacionados con la figura de El Cid.


Ego Ruderico (“Yo, Rodrigo”) – la firma empleada por Rodrigo Díaz – aparece en la carta de arras que concedió a su mujer – Doña Jimena – y en el testamento mediante el cual dono buena parte de su fortuna a la iglesia Mayor de Valencia, dos de los varios documentos gracias a los cuales conocemos un poco más del hombre que había detrás de la leyenda que llego a nosotros a través del inmortal poema medieval “Cantar del Mío Cid”.


A pesar de que durante el transcurso de mi primer e inolvidable viaje en compañía de mí particular Doña Jimena, esta última - además de tener cada amanecer la tentación de tirarme por la ventana el móvil por haberlo programado para que RAMMSTEIN nos despertase con “Feuer frei” () - comprobó que para mí un lugar céntrico es aquel al que se llega en media hora marcando el paso legionario, que mis exquisitas maneras rayanas con la pedantería pueden aburrir a los conserjes de hotel más curtidos y que en un alarde de mala educación y metido en el traje y la piel del grumete Rodrigo de Triana, señalo con el dedo y digo “¡monumento / museo / restaurante / hotel a la vista!” espero y deseo que se venga conmigo y parta junto a mí hasta algún lugar perdido, allí donde, mientras devoramos libros de bolsillo como por ejemplo “El cantar del Mío Cid”, estoy seguro de que pase lo que pase conseguirá que me sienta tan fuerte y valiente como aquel guerrero que después de muerto una batalla gano con una flecha clavada en su corazón.



martes, 3 de julio de 2012

35 años rodados en 35 mm.


En el día en el que se cumple el trigésimo quinto año de rodaje de “mi película”, tras pasar infinidad de horas meditando sobre «El sentido de La Vida» y llegar a la conclusión de que – tal como apuntaron los intelectuales Ortega y Gasset - La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada, hago saber al estimado público que abarrota las butacas que, a sabiendas de que solo somos sombras y cenizas, hasta el día en el que con el rostro bañado por el Sol me vea cabalgando solo por los verdes prados del Eliseo - al grito “Fuerza y Honor” y con el propósito de que los actos vividos en compañía de a aquell@s a l@s que quiero tengan su eco en La Eternidad - combatiré en la arena de ese circo romano que es La Vida con el coraje y pundonor propios de un «Gladiador».


Dicho esto, a través de este blog, es justo y necesario hacer un resumen de “los mejores momentos” de «El sentido de mi vida», esa película rodada en 35 mm. cuyas criticas hechas por los expertos en la materia, espero y deseo, hagan hincapié en que su protagonista principal, al igual que «El Capitán Alatriste»: No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.


Empezando por el principio debe constar en acta que el tipo eleGante que esto escribe y que por desgracia o por fortuna nunca tendrá ocasión de demostrar su coraje y pundonor enrolado en Los Tercios de Flandes, llegada la hora de recoger el Premio Oscar al Mejor Actor sería merecedor de ser tildado de malnacido si a parte de no dar las gracias a la Virgen de Guadalupe, a la Virgen de La Cabeza, al Milagro del Sagrado Corazón de María, a San Judas Tadeo y a Jesús de Medinaceli, no tuviera unas palabras de cariño para «Los padres de él», La Santa Madre y El Estimado progenitor de José Luis que con sus miles de aciertos y sus contados errores, forjaron a un hombre que consiguió ser digno del aprecio de algunas de las mejores personas que moran en este mundo salvaje en el que nos ha tocado vivir.


Sin duda alguna debo buena parte de mis mejores escenas a Marta y María, esas dos grandes damas de la actuación que están a la altura de la encantadora y sofisticada Audrey Hepburn y que a lo largo de todos estos años – ya fuera sobre las ardientes arenas de una playa o allá en las lejanas y frías tierras altas de Escocia – me han mostrado una lealtad equiparable a la de aquellos jóvenes de la 82ª División Aerotransportada, cada uno de su padre y de su madre, que tras convertirse en «Hermanos de sangre» durante el fragor de la batalla, no dudaban en jugarse el pellejo para salvar la vida del hombre que combatía a su lado.




Aunque bien sabe Dios que a la hora de realizar el montaje final de su película le hubiera gustado que no hubiera sido necesario meter la tijera para eliminar la sección de fotogramas en los que quedaron grabados momentos que ojala nunca jamás hubiera protagonizado lo cierto es que, en cierta medida, vivirlos hizo que «El Jinete Pálido» que esto escribe disfrute aún mas del Amanecer Rojo que aniquilo a La Oscuridad bajo la cual cabalgo a través de El Valle de Las Sombras, y que llego incluso a provocar que se llegase a plantear desmontar de su caballo y, bajo un Sol tan rojo como la sangre, dejar que lo acribillasen a balazos los cazarrecompensas que «Por un puñado de dólares» había contratado El Infierno que le seguía.


A pesar de que no faltaría a la verdad si dijera que por fortuna para mi en el cañón de mi revolver hay grabadas más de una decena de muescas que dan fe de que son más de una decena los forajidos de leyenda que integran la banda que, a uno y otro lado del río Mississippi, siempre me brindo su apoyo cuando atravesé mis peores momentos, mentiría como un bellaco si no reconociera que fue Sheila «La Amazona que cruzo el Ruhr a galope tendido» la que, dando fe de su destreza con el arco, atraveso de parte a parte a “Mis Demonios & Mis Fantasmas” con dos certeras flechas provistas de puntas de acero hechas en la factoría SRB Stahlrohrhandel Bochum GmbH, y – a parte de provocar que fuera poseído por la valentía y coraje propias del «Águila Roja» - consiguio que el «Templario» que hay mí cruzase las puertas de «El Reino de Los Cielos».


Si bien es cierto que, tal como diría John Rambo, todos somos prescindibles, no tengo ninguna duda de que si algún día el destino me obligará a prescindir de los servicios de Carlos, Francisco, Daniel, Abel, Iván y Pedro – «Los mercenarios» con los que establecí una alianza militar hace 21 años – mi felicidad acabaría tan maltrecha como esos villanos a los que Chuck Norris y Jean Claude Van Damme les daban por arriba y por abajo en las películas cuyas caratulas, para vergüenza ajena de mis compañeros, forraban la carpeta del adolescente que un día fui.


La Vida «El río que nos lleva» hace que, tarde o temprano, nos veamos obligados a decantarnos por uno u otros de sus afluentes. Vivido lo vivido nunca tendré palabras suficientes para agradecer que el que, al son de Dolores Amaya, manejaba mi barca eligiese la lengua de agua que me llevo hasta la Escuela de Ingeniería Técnica Industrial, allí donde a parte de descubrir todo lo referente al maravilloso mundo de la Elasticidad y Resistencia de Materiales conocí a Paco y Alberto, otros dos de los engranajes que contribuyeron a que funcionase perfectamente el motor de la maquinaría militar con la que me muevo a través de ese embarrado campo de batalla que es nuestra existencia.


Sin duda alguna a Carlos, otro de los hermanos de armas que en aquellos tiempos se enrolo en mis unidades de choque, y a un servidor nos habría gustado haber recorrido La Vieja Europa metidos en la armadura y la piel de «Los Señores del Acero»; dado que por desgracia para nosotros no nacimos para ser guerreros que se sienten bien entre la sangre, la muerte, gritos y dolor, tuvimos que conformarnos con seguir la senda del heavy – metal, la senda que nos llevo hasta Gijón, Oviedo, Avilés, La Felguera, Pravia, Turón, Madrid y Guernica, ciudades y villas estas donde nos hirvió la sangre al ver como IRON MAIDEN, MANOWAR, SAXON, CHILDREN OF BODOM, IN EXTREMO, AVALANCH, WARCRY, TIERRA SANTA y muchos grupos más conseguían con su buen hacer que el escenario se convirtiese en un volcán en erupción que bramaba con sonido atronador.


Esos artistas invitados que son Jorge Gines, Laura y Vicky – esas damas a las que estimo tanto por hacer inmensamente felices a dos de mis compañeros de armas más queridos – Cefe “El Agente Victorero”, Ángel “El Huracán venezolano”, Machin “Il Consigliere”, Lara “la abogada de causas perdidas (la manifiestamente mejorable discografía de Ismael Serrano)”, Montse y los dueños de EL MATADERO donde alguna que otra vez conseguí darle matarile a mis penas merecen también que se les reconozca que, de una u otra manera, colaborasen para conseguir que tenga sobradas razones para exclamar: «¡Qué bello es vivir!».


A pesar de que por cortesía de las noches durante las que “chape” los antros de perdición de la villa me gane a pulso que dijeran de mi que era un truhán, algo bohemio y soñador, tengo que decir en mi defensa que también fui un señor, circunstancia esta que ha quedado de manifiesto desde el día de Julio de 2011 en el que me convertí en «El Señor de Las Bestias» a raíz de la llegada a mi vida de Maruja, esa tierna criatura que estoy seguro que si en sus días más fogosos estuviera en la misma situación que «La gata sobre el tejado de Zinc», sin dudarlo ni un segundo y con intención de tener con ellos algo más que una bonita amistad, saltaría al callejón donde los gatos maúllan a gritos un “Rock and Roll”.


Aunque bien es cierto que el hecho de que el tiempo haya reafirmado mi carácter ha provocado que me haya convertido en actor de un solo personaje siempre que he tenido ocasión no he dudado en rodar localizaciones exteriores en los países por los que deambule con presupuestos ciertamente irritantes.

Sabedor de que «Mas allá de la cúpula del trueno» no necesitaban otro héroe decidí poner rumbo hacía otras latitudes, circunstancia esta que – además de permitirme recorrer las majestuosas avenidas que durante la Guerra Fría fueron divididas por Der Mauer, ese kilométrico "Telón de acero" que dada su envergadura podía ser visto hasta por los ángeles que tenían su hogar en «El cielo sobre Berlín» - me llevo hasta la patria de “Los Highlanders”, aquellos bravos poetas – guerreros que en el año de Nuestro Señor de 1314 – comandados por Robert Bruce y guiados por un «Corazón valiente» como el que latió en el pecho del que fuera su líder, William Wallace - hambrientos y en inferioridad numérica, cargaron sobre los campos de Bannockburn y conquistaron su libertad.


Dado que una buena forma de no perder nunca la perspectiva es aprender un poco todos los días a lo largo de estos años he hecho realidad una replica de la Biblioteca de Alejandría, y es que mientras que John Cassavetes vivió rodando entre sombras y caras un servidor lo hizo buceando entre libros y libros que si bien, a diferencia de «El libro de Eli», no contenían la respuestas a todas las preguntas al menos consiguieron que, mientras leía sus páginas llenas de palabras frías como espadas, no me preguntase: ¿Qué estoy haciendo con mi vida?


Dicho esto, antes de estrenar en exclusiva el tráiler oficial de «El sentido de mi vida», por si aún no les ha quedado claro quiero agradecer de todo corazón a los anteriormente mencionados que contribuyeseis y contribuyáis a que se haya acabado convirtiendo en una majestuosa superproducción esa modesta película de arte y ensayo que empecé a rodar la noche del 3 de Julio de 1977.